CACHORROS DE CHICAGO 1906-1908

ESTRELLAS DEL BÉISBOL
CACHORROS DE CHICAGO 1906-1908
Por Héctor Barrios Fernández

En mis años de activo en el sistema educativo, había ciclos escolares que no se explicaba uno qué era lo que sucedía. No sabría decir si Dios obraba a favor de uno o la luna o la suerte o qué cosa, de repente te tocaba atender un grupo de esos que no ocupan manager, les ponías piloto automático y cuando menos esperabas se terminaba el ciclo escolar y todos contentos. Por el contrario te podía tocar un grupo en donde no encontrabas por dónde comenzar, no sabías si reír o llorar. Con algo de trabajo y buena voluntad llegabas a tierra prometida, no sin antes pasar las de Caín.
En el béisbol sucede algo similar. De repente aparece una generación de jugadores que hacen que un equipo brille por algunas temporadas creando la felicidad de muchos, se acaba esa generación y hay que volver a comenzar. Eso ha sucedido con la mayoría o todos los equipos. Por el contrario los que han hecho de los últimos lugares en el standing un hábito, también han tenido su época buena, aunque por muy corto tiempo.
Los Cachorros de Chicago ahora en el 2016, por fin lograron otro título después de 108 años de espera, pero bien pudieron haber sido 109.
Los Cachorros de 1906-1908 tuvieron un cuadro muy famoso con Joe Tinker en el short, Johnny Evers en segunda y Frank Chance en primera, quien además era el manager. Los únicos jugadores en ingresar al Salón de la Fama todos juntos. Pero los Cachorros tuvieron mucho, mucho más que eso. Contaron con un cuerpo de pitcheo intimidante con Mordecai (tres dedos) Brown al frente, Ed Reulbach, Orval Overall y John Pfiester. Ellos ganaron la asombrosa cantidad de 232 juegos de un total de 322 victorias que los Cachorros lograron en ese periodo. El miembro del Salón de la Fama Mordecai Brown, perdió tres de sus dedos de la mano de lanzar (derecha) y le quedó paralizado el dedo meñique cuando imprudentemente a la edad de siete años, metió la mano en la máquina desgranadora de maíz en la granja de su tío en el estado de Indiana. En su tiempo ésta fue una dolorosa desgracia, pero en su carrera de pitcher profesional, fue lo mejor que le pudo haber pasado. Determinado a jugar béisbol, a pesar de esta discapacidad, desarrolló una manera de tomar la pelota que le dio como resultado un “sinker” natural, el cual es un lanzamiento mortal para los bateadores. Sus lanzamientos dejaban tan confundidos a los bateadores que ganó 20 o más juegos durante seis temporadas seguidas. De 1906 a 1911 tuvo 1.04, 1.39, 1.47, 1.31, 1.86 y 2.80 de promedio en carreras limpias admitidas, lo cual en el béisbol es como sacar puros dieces en la escuela. Muchos pitcher estarían dispuestos a no sólo perder tres dedos, sino su mano completa por lograr esos números. Los Cachorros tuvieron un fabuloso récord de 116 juegos ganados en 1906, finalizando 20 juegos adelante de su más cercano perseguidor, los Gigantes en ese tiempo de New York. Pero entonces sucedió algo asombroso e increíble en el mundo del béisbol, perdieron la Serie Mundial 4 juegos a 2 contra los conocidos como “las maravillas sin hit”, los Medias Blancas también de Chicago llamados “White Stockings” en inglés. Un equipo que sólo bateó para .230 en la temporada, con únicamente siete home runs. “Las maravillas” batearon sólo .198 en la serie, pero ellos maniataron a los Cachorros en un miserable .196 de porcentaje en toda la serie. Esta fue la primera y única Serie Mundial “todo Chicago.” Dolidos por esta humillante y preocupante situación, los Cachorros regresaron con 107 ganados para la temporada de 1907 y dejaron atrás a los Piratas de Pittsburgh por 17 juegos en segundo lugar de la Liga Nacional, en esos años no había divisiones. El primer juego de la Serie Mundial de ese año contra los Tigres de Detroit, quedó empatado 3-3 después de 12 innings, debido a la oscuridad, en 1907 tampoco había alumbrado en los estadios. Después de eso los Cachorros barrieron a los Tigres en los siguientes cuatro juegos, limitando a quien fuera la sensación de Detroit por 20 años, nada menos que a Ty Cobb, el mejor o uno de los mejores bateadores que han existido jamás, Cobb se fue de 20-4. Harry Steinfeldt, fue el hombre olvidado en el cuadro más famoso que ha habido en el béisbol, Thinker-Evers-Chance. Steinfeldt era el tercera base, bateó para .471 para Chicago en esa serie. De los 43 hits de los Cachorros, 36 fueron sencillos. Pero éste fue un equipo que basó su éxito en el pitcheo, velocidad y defensa, no en su bateo. Se robaron 18 bases en la serie y sus cuatro victorias se dividieron entre sus cuatro abridores. El siguiente año (1908), la temporada no fue “pan comido” para los de Chicago,  de hecho los Cachorros no deberían haber ido a la Serie Mundial, de no haber sido por Fred Merkle. Bueno, se preguntará, ¿quién era ese tal Fred Merkle, qué posición jugaba por los Cachorros que los llevó hasta la mismísima Serie Mundial? Pues no, Merkle no jugaba para los Cachorros, sino para los Gigantes de New York. En el juego del 23 de septiembre, Fred Merkle corría por primera base, dos outs en la pizarra, Moose McCormick lo hacía por tercera y representaba la carrera del gane para los Gigantes. El siguiente bateador, Al Bridwell conectó de hit al primer lanzamiento, con lo cual Moose McCormick anotaba la carrera del gane. Ante el gozo y la alegría que da la victoria, todos los Gigantes se fueron al dugout y al club house a celebrar, incluso Fred Merkle. Con los fanáticos invadiendo el campo de juego y brincoteando por la victoria de su equipo y ante la confusión, Johnny Evers, segunda base del equipo de los Cachorros, desesperado pedía que le pasaran la pelota que ya andaba entre los aficionados. Dos Cachorros la recuperaron, la pasaron al segunda base Evers quien brincó sobre la almohadilla para asegurarse muy bien de pisarla, acto seguido el umpire Hank O’Day,  de manera que no quedara la menor duda, marcó el out, ya que Merkle, en lugar de ir a pisar la siguiente base después del hit, se fue raudo y veloz a celebrar la aparente victoria y todo este embrollo sólo resultó en el tercer out de la entrada. Desde luego que se armó una discusión de padre y señor mío. El juego quedó en empate, el cual se reprogramó para el 8 de octubre de ese año con victoria para los Cachorros con la cual terminaban la temporada empatados en primer lugar con los Gigantes. En juego extra “Three Fingers” Brown lanzando en relevo, vatió al gran Christy Matthewson  por 4-2 y los Cachorros lograron así el campeonato. La Serie Mundial contra los Tigres, quedó en poder de Chicago por 4 juegos a 1. Después de 108 años, en 2016, vuelven a quedar campeones. Sí hay mal que dure 100 años, y Cachorros que los aguanten.
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