JACKIE ROBINSON, SERIE MUNDIAL 1912, GRANDES DE LA CRÓNICA

ESTRELLAS DEL BÉISBOL
JACKIE ROBINSON, SERIE MUNDIAL 1912, GRANDES DE LA CRÓNICA
Por Héctor Barrios Fernández

Después de la segunda guerra mundial, uno de los muchos eventos que muestran el salvajismo humano, Branch Rickey, gerente general de los Dodgers en ese entonces, sintió que nuevamente era tiempo de enviar al terreno de juego a un jugador afroamericano, pero tenía que ser alguien que fuera mentalmente fuerte, resistente. Jackie Robinson era el hombre adecuado. Estrenándose con los Dodgers en el día de apertura de la temporada de 1947, el veloz segunda base aguantó las burlas de tipo racista y los feroces señalamientos, sin embargo nunca se vengó de tales acciones en su contra.
Su coraje, su clase y dinamismo en el juego, le hicieron ganador del nombramiento de novato del año en esa temporada. El 1997 el número 42 de Jackie Robinson, fue retirado por las Ligas Mayores y ningún jugador de ningún equipo lo puede usar.
Al final Robinson dijo “De la manera que lo veo, yo estaba a mano con el béisbol y el béisbol estaba a mano conmigo. El juego había hecho mucho por mí y yo había hecho mucho por el béisbol”.

Las Series Mundiales comenzaban a afianzarse en el ánimo de los aficionados en 1912. Dos poderosos equipos liderados por sus ases del pitcheo, Christy Mathewson (Gigantes de New York) y Smokey Joe Wood (Medias Rojas de Boston). Tumbaron cabezas durante ocho juegos. No podían haber sido más salvajes. Según señaló en su momento la Guía Spalding, “nunca ha habido otra serie como ésta”.
La serie estuvo llena de jugadas espectaculares, gran pitcheo y bateo oportuno. Wood ganó el primer juego 4-3 después de abanicar a los últimos dos bateadores con corredores en segunda y tercera. El juego 2 terminó empatado 6-6 en once innings debido a la oscuridad, en aquel entonces no había alumbrado en los estadios. El juego final destacó por sus grandes atrapadas y espantosas jugadas. Boston capitalizó un error de Fred Snodgrass al dejar caer un elevado en el inning 10, para ganar el juego 8 y llevarse la serie. Juego 1, Boston 4, N. Y. 3, juego 2, N. Y. 6, Boston 6 (11), juego 3, N. Y. 2, Boston 1, juego 4, Boston 3, N. Y. 1, juego 5, N. Y. 1, Boston 2, juego 6, Boston 2, N. Y. 5, juego 7, N. Y. 11, Boston 4, juego 8, N. Y. 2, Boston 3 (10).
Al final del juego 1, el pitcher ganador Smokey Joe Wood dijo: “Lancé tan duro que en el noveno inning creí que mi brazo saldría volando fuera de mi cuerpo”.

Mell Allen, muchos lo catalogan como el mejor narrador de todos los tiempo. Lo recuerdo en “This week in Baseball” “Esta Semana en el Béisbol” un programa en la tele entre 1977 y 1995, no me lo perdía por nada. Junto con otro grande de micrófono, Red Barber, fueron los primeros locutores en ingresar al Salón de la Fama del Béisbol (1978). Jack Buck narrador de los Cardenales de San Luis, ¿recuerdan el famoso home run de Kirk Gibson quien lastimado y todo, lo conectó en el juego 1 de la Serie Mundial de 1988? o el de Kirby Puckett en el juego 6 de la serie de 1991, Jack Buck era el cronista. Ernie Harwell de los Tigres de Detroit, se encuentra entre los mejores de su profesión, Russ Hodges trabajó con varios equipos, sobre todo con los Gigantes de New York y luego de San Francisco, ¿recuerdan el home run de Bobby Thomson contra Ralph Branca? Russ Hodges lo narró el 3 de octubre de 1951. Toda proporción guardada, Waite Hoyt me recuerda a Mario “Toche” Pelaez en México, quienes después de ser excelentes lanzadores, se convirtieron en narradores de primera. Jon Miller también con los Gigantes de San Francisco se encuentra entre los grandes del micrófono.

Bob Prince narrando los juegos de los Piratas de Pittsburgh, se convirtió en uno de los cronistas más reconocidos de todos los tiempos, aprendió el idioma español y apoyó al jugador latino. Al que si me tocó escuchar muchas veces fue a Vin Scully, quien se cuenta entre los grandes del micrófono. Alumno de Red Barber desde tiempos en que los Dodgers habitaban en Brooklyn. Creador de un estilo único. Algunas de sus narraciones han sido transcritas y se conservan como una antología clásica dentro de la literatura del béisbol. En las ocasiones que tuve la fortuna de asistir a Dodger Stadium, fui testigo de que por todo el estadio se escuchaban en radios de transistores, las voces de Vin Scully en inglés y de Jaime Jarrín en español.

Después de Joe DiMaggio, Jimmie Foxx fue el más grande jugador que yo vi. Cuando Foxx bateaba una pelota, el sonido era como el de una pistola. Así lo dijo Ted Williams y si Ted Williams lo dijo es porque así era.
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