EL PRINCIPIO 6ta PARTE

ESTRELLAS DEL BÉISBOL
EL PRINCIPIO 6ta PARTE
Por Héctor Barrios Fernández

Recordemos que el béisbol o sus antecesores comenzaron siendo deportes llamados de “caballeros” en el cual practicaban ciertos grupos de los llamados “de clase media” para arriba. Algo o muy diferente al que conocemos hoy en día. En aquellos tiempos ganar o perder en el (llamémosle así) béisbol, era irrelevante, ya que lo importante era la convivencia y hacer algo de ejercicio físico. El número de jugadores al campo era mucho más que los nueve jugadores de hoy, acciones como, robarse una base, lanzar una curva por parte del pitcher, tocar la pelota y otras, era mal visto, era hacer trampa y no se valía. Que un jugador recibiera dinero como salario por jugar también era una bajeza.
Pero no cabe duda que nada es eterno y los tiempos hacen cambiar muchas leyes y costumbres y el béisbol no ha sido ajeno a eso.
En 1869, el primer equipo de este deporte que se declaró abiertamente profesional, tomó el campo y fueron los Cincinnati Red Stockings o los Medias Rojas de Cincinnati. Fueron financiados por un grupo de inversionistas de Ohio y su manager fue Harry Wright, nacido en Inglaterra e hijo de un jugador profesional de cricket. Un jugador lo suficientemente bueno como para batear siete home runs en un juego, Harry le vio al béisbol un gran potencial económico desde sus inicios. El público felizmente pagaría setenta y cinco centavos por ir al teatro y muchos preferían el béisbol. “Deberíamos asistir a los juegos y la tarifa por presenciar uno bueno no sería problema, pagaríamos cuando mucho 50 centavos y algunas veces hasta 25”, decía Harry Wright. Para asegurarse que se ofrecería un buen espectáculo por esa paga, Wright practicaría con sus jugadores en los fundamentos del juego, insistiendo en que ellos deberían ser tranquilos y callados en el campo, vistiéndolos con pantalones bombachos para lograr mayor velocidad en sus movimientos, además aceptar recomendaciones y llamadas de atención con respecto a su desempeño en el juego.

“Considerar llevar una buena dieta, comer saludable. Consumir carne muy poco ayudará mucho, llevar una vida sana, abstenerse de tomar bebidas intoxicantes y consumir tabaco. Deberán aprender a atrapar la pelota de manera segura, hacer un buen tiro, fuerte y certero, ser un bateador de confianza y un buen corredor, todo esto logrado por una estable y perseverante práctica”.

Todas estas consideraciones eran exigencias de Harry Wright sobre sus jugadores.
Por primera vez se pagó abiertamente y a la vista de todo el mundo, un salario a los peloteros. El jugador de mayor salario fue el hermano menor de Harry, George Wright, quien era el short stop del equipo, recibía la considerable suma de $1 400 Dlls por temporada, 200 más que su hermano que era el manager, pero valía cada penny que se le pagaba. George Wright bateó .519 en 1869, anotó 339 carreras, conectó 59 home runs e hizo espectaculares atrapadas en el campo, jugadas jamás vistas que un short stop realizara.
Sólo un jugador de los Red Stockings era nativo de Cincinnati. La mayoría eran jóvenes neoyorkinos, entre ellos se encontraban dos fabricantes de sombreros, dos vendedores de seguros, un contador y un fabricante de pianos. El lanzador estrella, Asa Brainard, tenía buen control pero limitado poder de concentración: En una ocasión que lanzaba durante un juego, un conejo saltó entre el pasto del outfield, Asa se olvidó de los dos corredores que tenía en base y se fue en busca del conejo, al final se le escapó y los dos corredores anotaron.
No obstante, los Red Stockings finalizaron la temporada de 1869 con un record de 65 ganados sin derrota, pero tuvieron una ganancia económica de $ 1.39 dlls. La ciudad que una vez estuvo orgullosa por sus corrales con puercos, con lo cual habían ganado el apodo de Porkópolis, ahora desplazaba a New York como la capital del béisbol y el capitán y manager de los Red Stockings eran los más grandes héroes de la ciudad.
“Bueno”, le dijo un aficionado de Cincinnati a un reportero, “No sé nada de béisbol, pero me hace sentir bien ver a estos muchachos. Ellos han hecho algo para glorificar a nuestra ciudad.”
“Ellos han promocionado nuestra ciudad” dijo otro, “nos han promocionado a nosotros y han ayudado a nuestros negocios.”
“Harry Wright come béisbol” dijo un periódico de Cincinnati, “respira béisbol, bebe béisbol, sueña béisbol e incorpora al béisbol a sus oraciones.”
Los Red Stockings parecían imbatibles. El siguiente año ganaron 27 en fila, por ese tiempo vinieron al Capitoline Grounds para enfrentarse a los Atlantics de Brooklyn, el mejor equipo en el este de los U.S.A.
Los Atlantics tenían un gran equipo, pero los Red Stockings eran favoritos. Después de todo habían ganado 92 juegos sin derrota. Aproximadamente 15 000 neoyorquinos cruzaron el río por ferry para llegar a Brooklyn, después tomaron carros jalados por caballos para llegar al parque de pelota. Cientos de aficionados que no tenían los 50 centavos para el boleto del juego, lo vieron trepados en la barda, otros desde un árbol o en los techos de las casas cercanas.
El juego que miraban parecía que se desarrollaba conforme a lo vaticinado, Cincinnati tomaba una tempranera ventaja de tres carreras, pero Brooklyn vino de atrás con dos carreras en el cuarto y dos más en el sexto.
Al finalizar el noveno inning el score estaba empatado 5-5. Los Atlantics estaban jubilosos y dejaban el campo satisfechos con lo logrado frente al equipo más difícil. Pero Harry Wright no había terminado: las reglas claramente establecen que “a menos que los capitanes de las dos novenas acuerden que el juego quede empatado, así será.” Pero un juego empatado en tales circunstancias debe seguir a extra-innings. Los Atlantics insistían en que ellos estaban más que satisfechos con el empate.
Wright apeló a la más alta autoridad a la mano, Henry Chadwick, presidente del Comité de Reglas de la Asociación Nacional, quien declaró que el juego debería continuar… continuará.
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