STEVE DALKOWSKI

ESTRELLAS DEL BÉISBOL
STEVE DALKOWSKI
Por Héctor Barrios Fernández

Mickey Cochrane, excelente cátcher, miembro del Salón de la Fama del Béisbol en Cooperstown, jugó para los Atléticos de Filadelfia y los últimos años de su carrera con los Tigres de Detroit, por lo tanto conoció muy bien a Charlie Gehringer, destacado segunda base, quien jugó toda su carrera con los Tigres de Detroit, también miembro del Salón de la Fama. Según Cochrane, Charlie era de las personas que pagaba por no hablar, era muy serio o de pocas palabras, tanto que el día inaugural llegaba al estadio y saludaba a todos diciendo “hola”, y después del juego final de la temporada a todos sus compañeros les decía “adiós”. Y mientras pronunciaba una palabra y otra, bateaba .350, en otras palabras hablaba con el bat. Esto según Mickey Cochrane.

Jim Palmer fue un ganador de al menos 20 juegos durante ocho temporadas, siempre vistiendo la franela de los Orioles de Baltimore, fue un pitcher muy inteligente. Aunque con mucha frecuencia gustaba de hacer lanzamientos altos pero dentro de la zona de strike, que es donde regularmente los bateadores conectan sus cuadrangulares, Palmer raramente permitió un home run y sobre todo en ese tipo de lanzamientos. De hecho nunca permitió un grand slam (home run con la casa llena) en su carrera que duró 20 temporadas.

La pistola de radar es un artefacto relativamente moderno. Antes de que fuera usual encontrarlas en los maletines de los coaches y scouts, la manera más común de juzgar la velocidad de un lanzador era simplemente viéndolos lanzar. Antes se hicieron algunos esfuerzos por medir la velocidad de la pelota. Por ejemplo en una ocasión Bob Feller uno de los pitchers con mayor velocidad en sus lanzamientos, los enfrentó contra la velocidad de una motocicleta. Una forma muy rudimentaria de tratar de saber a qué velocidad lazaba un pitcher. En su mayoría el juicio de los jugadores y coaches era de mayor peso para tal evaluación. Los ojos de los que vieron lanzar a Feller, a Nolan Ryan y a otros velocistas del pasado, coinciden en que fue Steve Dalkowski el de mayor velocidad. A Dalkowski no recuerdo haberlo visto lazar, a Ryan sólo unos cuantos lanzamientos en un juego durante un caluroso domingo y también tuve la fortuna de ver lanzar a Bob Feller, pero a él en un juego de veteranos en el estadio de los Dodgers y en ese entonces tenía más de 60 años de edad, así que no podría opinar al respecto. El nombre de Steve Dalkowski no nos suena a muchos aficionados, quizás porque nunca pasó un solo día en Ligas Mayores. Durante nueve temporadas en la organización de los Orioles de Baltimore, él batalló con su horrible control. Promedió la increíble cantidad de nueve innings. Año tras año, en nueve Ligas Menores diferentes, el zurdo trabajó tratando de mejorar su control, mientras los directivos y coaches de los Orioles esperaban y esperaban. Los números fueron impresionantes, 262 ponches y 262 bases por bolas en 170 innings lanzados durante 1960, 283 lanzamientos hechos en un juego. La leyenda crecía mientras le desgarró una oreja a un bateador durante un encuentro y a un umpire le destrozó su careta con otra pitcheada. En 1964, repentinamente su control mejoró como en una unidad astronómica y los Orioles le dieron un vistazo durante los entrenamientos de primavera. Le hizo unos cuantos lanzamientos al recién retirado Ted Williams, quien simplemente dijo que era el lanzador más veloz jamás visto. Posteriormente a semanas de hacer el equipo grande y sin aviso alguno, el brazo de Dalkowski se murió haciendo una rutinaria doblada a primera. Nunca regresó. 20 años después, durante el día se dedicaba a piscar algodón y por las noches asistía al parque de pelota para presenciar algún juego de liga menor, perdiéndose entre los asistentes.

Con una quemante bola rápida de 100 millas por hora, Randy Johnson destrozaba los bats de los valientes bateadores y en una ocasión, accidentalmente, explotó a un ave durante el vuelo. Entre 1997 y 2002, tuvo record de 120-42 en ganados y perdidos, con 340 ponchados, además ganó cuatro premios “Cy Young” como el mejor lanzador.

Lancé en 874 juegos de Grandes Ligas durante 22 años y nunca tuve el brazo resentido hasta el día en que me retiré. Mi brazo se sintió mal en 1912 durante el entrenamiento de primavera y creo que fue por el tiempo que lanzó. Así lo declaró Cy Young.

El Comisionado del béisbol, el Juez Kenesaw Mountain Landis no tuvo piedad por los jugadores de los Medias Blancas de Chicago que aceptaron dinero para dejarse ganar en la Serie Mundial de 1919. Landis corrió a los ocho “Medias Negras” y los dejó fuera del béisbol de las Ligas Mayores, incluyendo a algunos que pueden haber sido inocentes.
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